BERNARD KANGRO

La sombra de furiosos días

Las olas del Leta lamen mis orillas,
el trabajo de mi vida está en cenizas.

Mis ojos miran hacia la tierra
espero que ya vengan a buscarme.

Pero todavía queda vida en los sentidos
cuando ávidas llamas extienden sus garras.

Entonces la cólera se enciende en mi pecho
y nadie sabrá dónde voy a morir.

El sol apagado

El sol apagado en las cimas.
En el suelo mi cansada cabeza.
Pasó la primavera. Pasó el estío.
Se fueron las cigüeñas.
Las seguía
mi vaga mirada.
En el espejo de los vidrios
se marchitaron los último rayos.

Los ojos se cubrieron de hielo.

Traducción del estoniano por Roald Volmer


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