El amasijo

BRINDANDO, POR NO LLORAR

(Donde se habla del revire estacional)

Por: John Argerich

La Navidad, o "las navidades", como se decía antes, es una fiesta que se las trae. Discutible sin remedio, aunque la tradición heredada de nuestros mayores rememore el nacimiento de un heroico redentor. Y lo afirmo con cierta solvencia, porque me leí de cabo a rabo ambos testamentos del mamotreto bíblico. Extensa y confusa obra que no dice un pito sobre cuándo nació Jesús. Quien, por ser analfabeto, mal hubiera dejado un relato autobiográfico capaz de revelar el misterio. Y los grandes historiadores de la antigüedad ni siquiera lo nombran. ¿Otro mito? La curiosidad, madre de todo avance intelectual, me manyaba con angurria el coco de la persona.

-¿Qué pensás sobre éso del 24 a la noche?...¿Serán globos de los curas? -le pregunté al Tachito Pedernera, un sabio apellidado como el ilustre jugador, que para en los boliches más jailaifes de Plaza Constitución.

-¡Despertá, pierrot! -dijo éste, con inocultable desdén por mi ignorancia.

Y después de mirar alrededor, más que nada para asegurarse que no hubiera ningún evangelista iracundo a tiro, prosiguió:

-¡Los catacumberos aprovecharon la volada, nomás! En Roma, la semana del 20 de diciembre, celebraban la llegada del equinoccio de invierno. A esa ocasión le decían "fiestas saturninas", y era costumbre tirar manteca al techo. La gente se visitaba llevando regalos, y la joda era a todo trapo. Asociar tanta garufa al fundador del nuevo credo, fue una pegada promocional. Porque las relaciones públicas no son un invento de los norteamericanos, sino que se conocen desde hace rato.

-¿Estás diciendo que Navidad es una fecha arbitraria, che?

-¿A vos qué te parece? La estableció por decreto un papa llamado Liberio, en el año 354 de nuestra era. O sea después de cranear con los cardenales durante tres siglos y medio, para ver cuándo había que celebrar el onomástico.

-¿Entonces los arbolitos son otro globo?

-Eso es una tradición pagana de Europa central, resucitada por Lutero para romperle los cocos al Vaticano cuando protestantes y católicos andaban a los tortazos. Y los hicieron verdes porque…

-¡Dale, che! Mirá si iban a ser rayados celeste y blanco, como la gloriosa camiseta del equipo nacional…

El Tachito me miró de arriba a abajo con evidente desprecio por mi ignoracia, y sin responder una parola, siguió la charla.

-Después los pinitos se convirtieron en emblema consumista. ¿Te imaginás una Navidad sin que los giles se hipotequen hasta el gañote, para hacer regalos?

-La verdad, que no.

-¿Sabés por qué? Yo te la voy a batir clarete. El fato es un revire, pero las tradiciones populares tienen más gancho que la pura.

-Diste en la tecla, otra vez… ¿Será el modo de producción?

-No sé, pero el puntaje arremete contra los escaparates mosca en mano, para desangrarse sin nada concreto que celebrar.

-Ahora me estás haciendo sentir medio chitrulo, yo que siempre aportaba con mi paquetito la noche del 24.

-¿Medio chitrulo te sentís? ¡Chitrulo y medio, decí! Porque el vivo vive del zonzo, y lleva siempre las de ganar.

-Oia, mi dió… ¿La puta burguesía, che?

-¿A vos qué te parece? Dificulto que vaya a forrarse el pobre laburante que vende turrones a la salida de la estación. ¡Le llenan la zabeca con Santa Claus and Company, para dejarlo en pelotas después de Nochebuena! ¿No viste los avisos que dan por la tele?

-¡Linda trenza para cazar salames, mamita querida!

-Pero por suerte muchos grasas se están apiolando, aunque todavía estamos lejos de terminar con tanto globo. Si lo rumiás toda la noche, te sube la presión arterial.

Y en ese momento pasaron dos señoras gordas, cargadas de bagayos. Su contenido es imaginable, en estas fechas. Muñecos, corbatas, juegos de destreza, sidra, un turroncito, y el infaltable pan dulce hecho al estilo tradicional.

-…entonces el hermano de María Eugenia, ése que afila con la Liliana Spadavecchia, me dijo que se iba a Montevideo para pasar las fiestas… -monotemática de cualquier diciembre en Buenos Aires.

Nosotros pusimos cara de circunstancias, pero al ratito, mi compañero de aventuras dijo sottovoce:

-¡Pobres jovatas! Mirá cómo van echando los bofes, cargadas de porquerías… Un esfuerzo digno de mejor causa, ¿no?

-¡La pucha que me da risa, cuando lo pienso, che!

-¡Hay que educar al soberano, decía Sarmiento!

Pero con tanta charla se hizo medio tarde.

-Basta de filosofía ahora, y vamos a tomar unas copas, que es malo despedir el año en cortocircuito...-dijo el Tacho.

-¡Dale espuela, Leguizamo!

Y entramos en un ruidoso piringundín. Sudando, con tanta porquería encima. Porque rebeldes somos todos, pero a la hora de prender el arbolito, mandan los valores con que te lavaron el coco durante toda la niñez.

-¿Me compraste muchas cosas lindas, papá?

-¿Y a mí?

-¿Y a mí?

La patrona vestida de verano, con los ojos brillantes, como pidiendo guerra para después del brindis. Y yo, que soy un racionalista incurable, tuve mi renuncio estacional. Levanté la copa llena de sidra, y sin pensarlo más, exclamé como un reblán:

-¡Feliz Navidad!

 

THE END

Copyright: John Argerich, 2004

johnargerich@malmo2.net

All rights reserved.

La serie "El amasijo" se publica regularmente en treinta medios, de nueve países.


Tillbaka till kultur
URL: http://www.immi.se/kultur/